11 DE ENERO DE 1924: "...Hay que mirar al futuro..."

11 enerobEl pasado 11 de Enero, conmemoramos en el Centro Cultural Poveda la Aprobación Pontificia de la Institución Teresiana con un tiempo de Acción de Gracias.

Antes de comenzar no pude menos que consentir que me pasara por la cabeza el recuerdo de aquellas tres mujeres, Josefa Segovia, Isabel del Castillo y Eulalia García Escriche, que, con su carga de ilusión y de documentos, acompasaban sus pasos hacia una gran historia de espíritu y ciencia que empezaba a caminar. Hoy, 91 años después, esa historia se ha cumplido, Dios le puso su Sello a lo soñado por Pedro Poveda, potenciando su grandeza. Hoy podemos decir que “asistimos a una Obra de Dios”, porque sólo así ha podido ser posible.

11 enero 2bEl tiempo de reflexión fue un recorrido por los fundamentos —o los cimientos— que el Padre Poveda pensó para su Obra y que al irlas repasando detenidamente comprendí cómo fueron creciendo y perviviendo, y que, incluso, se han acrecentado y reforzado pasando a formar un todo armónico entre el deseo y la realización, entre la Obra y quienes la han llevado a cabo a través del tiempo. Todo en una simbiosis que sólo bajo la protección y la mirada de Dios ha podido llegar a materializarse en algo real que yo estaba intentando definir: "el teresianismo".

"El teresianismo" es, ante todo, una Obra de Dios, una manera de concebir la vida, de vivirla, de hacerla posible en el profundo amor e imitación de Cristo, una forma de dar testimonio durante toda la existencia manteniendo el espíritu como esencial y la ciencia como complementaria. Y si espíritu y ciencia es la forma sustancial de la Institución esa es la verdadera similitud y diferencia de la misma. Esas son sus verdaderas señas de identidad, poética y atrevidamente definidas por mí como “ese cierto olor a lavanda” que reivindico desde que tuve que definir este gran ideal.

11 enero 1bLa Obra Teresiana es “un organismo vivo, alentado por un espíritu, manifestado en todo lo que se hace, un equilibrio entre la oración y la unión y la caridad fraterna”.

Toda la reflexión de este día incidió continuamente en reforzar el convencimiento de que la Institución Teresiana tiene una fisonomía propia fundamentada en la fortaleza y el amor dentro de una firmeza en la fe inquebrantable a Cristo, en la entrega al Cristianismo dentro del trabajo por lograr una verdadera influencia saludable en el mundo, una verdadera salazón consoladora que se ha hecho posible bajo una unidad de proyección hacia los demás que es tanto más humana cuanto más divina.  Un ensamblaje difícil pero real y constatable.

Estando de acuerdo en las palabras de la Directora general, Maite Uribe, pongo mi énfasis en que “hay que mirar al futuro no como una prolongación del pasado, sino como el tiempo nuevo que va a llegar, no teniendo en cuenta lo que se ve, sino lo que todavía no se ve y que algunos vislumbran”.

Personalmente lo creo. Por ello permitidme que también yo lo hable.

Mercedes Rueda