SIEMPRE EN NUESTRA MEMORIA

hilario pedroLos hombres de Dios y las mujeres de Dios son inconfundibles. No se distinguen porque sean brillantes, ni por lo que deslumbran, ni por su fortaleza humana, sino por los frutos santos” (P. Poveda)

Este curso nos han dejado para irse a la Casa del Padre dos amigos: Hilario Carrasco y Pedro Agudo (D. Pedro, como le solíamos llamar en el Centro).

Hilario Carrasco Hilario Carrasco Molina, gran amigo y compañero de andadura en la Institución Teresiana, la “idea buena” del santo de Linares, San Pedro Poveda, nos dejó, sin que nada pudiera hacerlo prever, en la madrugada del 30 de abril al 1 de mayo a causa de un fulminante infarto de miocardio.

Tomamos prestadas las palabras de Miguel Hernández, “temprano levantó la muerte el vuelo/ temprano madrugó la madrugada”, porque Hilario se nos ha ido demasiado pronto. “La muerte –decía nuestro común amigo el sacerdote Joaquín García Roca en su funeral– le ha arrebatado un tercio de su vida”. Y así es. Había nacido en Linares hace 68 años, dentro de una familia muy querida de esta ciudad y siempre apoyó las cosas de su tierra. Hilario era linarense de pura cepa y ejercía como tal. Le dolía Linares y trabajó incansablemente por mejorarla en cualquier campo, desde el baloncesto femenino local (formó parte de la directiva del C.B. Linares, cuando su hija Alegría militaba en el club que más satisfacciones ha dado a la ciudad), a las cofradías, como las de Ntro. Padre Jesús del Rescate o de la Virgen de Linarejos, a las que perteneció desde su infancia. De esta última fue hermano mayor junto con su esposa Mª Carmen Pancorbo Cobo. Actualmente eran ambos hermanos patronos de esta Cofradía.

Miembro de la Institución Teresiana en la Asociación ACIT Andalucía Oriental, vivió el carisma de S. Pedro Poveda en los diferentes campos de su vida: familia, voluntariado en diversas asociaciones y organismos de carácter social y religioso de la ciudad (Pía Unión de Caballeros Siervos de la Caridad del Asilo de ancianos de Linares, asociación que presidió hasta su muerte,  miembro del Consejo Pastoral de la parroquia de San Francisco de Asís…). Era muy conocido también por su labor como ponente, junto con su esposa, de los cursillos prematrimoniales. Son muchas las parejas linarenses que recuerdan sus intervenciones, por estar cargadas de humor y de brutal sinceridad. Ha sido miembro muy activo del Centro Cultural Poveda y de la Asociación Socioeducativa y Cultural Poveda, colaborando desde estas entidades con Asociaciones de Vecinos como las de Arrayanes Sur – 520 viviendas o la de la Estación de Almería, en la que estaba a punto de terminar la docencia en un taller de artesanía en carey.

Hilario fue un hombre esencialmente bueno, sencillo, acogedor, cercano, abierto… hasta el último momento de su vida, y puso siempre sus cualidades al servicio de los demás. Linarenses de todas las edades y personas de otros lugares de España han sabido agradecer esta entrega y esta manera de vivir acompañando, –con el amor y el respeto que merecen los hombres buenos– a su familia en estos duros momentos y en la eucaristía de despedida.

Como diría Pedro Poveda: “Nosotros, que aspiramos a vivir una vida espiritual intensa hemos de ser exteriormente sencillos, humildes; hemos de pasar desapercibidos, hemos de confundirnos con el común de la gente, pero interiormente seremos singularísimos, con la singularidad del Espíritu de Cristo.”

Así era Hilario. Ahora, descansa en el amor de Dios.

 

Pedro Agudo Para los que hemos tenido la suerte de conocerlo y compartir tantos momentos con él, don Pedro Agudo no ha muerto, se ha ido al Cielo Nuevo y Tierra Nueva a la ternura y abrazo del Padre de la Vida, pero deja entre nosotros su huella, su perfume inconfundible de hombre de Dios y humanidad.

Había nacido en Iznatoraf, pueblo de Jaén  en altura que abarca el horizonte y más allá. Así era don Pedro, hombre de mirada extensa al estilo de  Dios, caminante siempre hacia horizontes nuevos.

Doctor en Doctrina Social de la Iglesia y en Sagrada Escritura, abríó caminos de fraternidad y tolerancia. A este sacerdote no se le paró el reloj: iba con el tiempo y su caminar. Su figura menuda y humilde era habitada por un corazón grande, preocupado por los desheredados de la Tierra. Amaba a la Iglesia y la quería descentrada de poder, sólo con Jesús y su Evangelio como fuerza. Una Iglesia servidora de la Humanidad y preocupada por el Amor y la Justicia en defensa de lo débil.

Su palabra, su vivir y caminar era de esperanza, pues como decía: “ Un cristiano no puede vivir sin esperanza, porque viene de la certeza de la Resurrección de Jesús”.

Amaba la naturaleza, y en ella encontraba las huellas de su Creador y la armonía de una ecología que habla de casa común y convivencia.

En María, La Virgen, hermana y madre, mujer sencilla  de Nazaret,  encontraba el modelo para vivir y ser. De ella hablaba y escribía con entusiasmo.

Don Pedro, no se retiró a una jubilación de brazos caídos, a ver pasar la vida por su puerta y sentado esperar la otra vida. Siguió caminando al estilo de Jesús: escuchando, tendiendo la mano, animando a cambiar nuestro mundo en más justicia, en más tolerancia y fraternidad; impulsando grupos, denunciando injusticias; abriendo horizontes de esperanza en una realidad difícil;  pero diciendo con su vida que el desánimo y la muerte no tienen  la última palabra.  Así lo expresaba y lo vivía con todas y todos los que celebrábamos con él la Eucaristía: Vida compartida que se hacía ternura y fraternidad en la mesa del Señor Jesús.  

Por todo eso ¡GRACIAS, PEDRO AGUDO, HERMANO!  Por no decirnos adiós, sino hasta siempre, porque la VIDA PUEDE MÁS.

 

Textos: Institución Teresiana – Linares, publicados en el Diario Jaén.