ESCUELAS TRANSFORMADORAS: UN RETO PARA EL FUTURO

19 5 15 1Construir una escuela comprometida, que forme personas críticas, responsables y capaces de transformar la realidad hacia una sociedad más justa”. Con este objetivo nace el Movimiento por la Educación Transformadora y la Ciudadanía Global, impulsado por varias ONGD, como son InteRed, Oxfam Intermón, Entreculturas y Alboan, que agrupa a varias decenas de centros educativos –públicos y concertados– con el fin de fomentar el intercambio y el aprendizaje conjunto para el desarrollo de prácticas educativas transformadoras.

La presentación de este proyecto fue el hilo conductor de la conferencia que el pasado 15 de mayo pronunció D. Francisco Campos Maza, profesor de Enseñanza Secundaria y director del IES “Ulia Fidentia”, de Montemayor (Córdoba), uno de los centros adscritos a esta red.

Con un esquema muy didáctico, en el que hizo participar al público desde el principio, a través de su intervención, el profesor Campos fue descubriendo la necesidad de transformación, hacia un mundo más humano, que se advierte en el análisis de los entornos, tanto a nivel cercano como en una visión global.

Para ello, partió de la base de que es preciso superar las barreras de desinformación que, paradójicamente, suponen los medios de comunicación: selección de la realidad que se muestra, mayor o menor sensibilidad de la población hacia los problemas de la humanidad,… Llegó a hablar de “realidad invisibilizada”, para referirse a aquella que ocultan o ignoran los medios, y que no es otra que aquella que no es importante desde el punto de vista subjetivo, la que pondría en evidencia las debilidades de las personas y los sistemas, la que provocaría cuestionamientos o confrontación con el poder establecido, o amenazaría el statu quo político o económico,… en definitiva, aquella que podría provocar la desestabilización del sistema.

Seguidamente, hizo un análisis bastante pormenorizado del contexto actual, marcado por los cambios vertiginosos que estamos viviendo, por el proceso creciente de globalización, por los impactos sociales y medioambientales que sufre el planeta, por la convivencia de grupos radicales –capaces de provocar mucho sufrimiento y grandes convulsiones, por su intolerancia– con las aspiraciones de una buena parte de la ciudadanía a la universalización de los Derechos Humanos y la justicia social.

Se refirió también a los desplazamientos globales de población, que conforman sociedades diversas y plurales; la concentración de la riqueza en pocas manos, que provoca el aumento de la desigualdad y la pobreza, que afecta a la gran mayoría de la población mundial y al nacimiento de las mujeres como colectividad, con poder y conciencia de clase.

19 5 15 2A continuación pasó a analizar el estado de la educación, para lo que presentó tres modelos: la educación conservadora, en la que la persona es modelada para conservar el sistema, frente a los cambios sociales, que se perciben como amenazantes; la educación adaptativa, en la que la persona se modela de acuerdo con el sistema para el mutuo beneficio y, finalmente, la educación transformadora, en la que la persona se modela a sí misma y el sistema se pone en entredicho y cambia. Este último es un modelo que supone inestabilidad, conflicto, reflexión, propuestas, acuerdos,… así como un compromiso de los sistemas con las personas y de las personas con el sistema, apareciendo la vida (todas las vidas) como centro de este compromiso.

Tras esta categorización, pasó a desgranar las características más importantes de la educación transformadora. Así, se refirió a su capacidad para promover el desarrollo de las dimensiones políticas, sociales, económicas, espirituales y medioambientales de las personas y la sociedad, para una vida sostenible; a sus posibilidades de crear nuevos enfoques del aprendizaje que superan la mera adquisición y evaluación de competencias científicas y se centran en prevenir y tratar los retos y efectos de la globalización, que son contrarios a la justicia, la equidad social, la solidaridad y la sostenibilidad de la vida, tanto a nivel local como global.

Es un modelo educativo –prosiguió el profesor Campos– que promueve la reflexión y la capacidad crítica, que genera propuestas y alternativas comprometidas en y con el entorno, que prepara para afrontar el conflicto, que apuesta por la colaboración y la cooperación y que es capaz de conectar y contextualizar los aprendizajes en entornos cercanos y lejanos.

Continuó dando algunas pinceladas sobre cómo implementar políticas transformadoras en los centros educativos.

En este sentido puso de relieve la importancia de invitar al profesorado a cuestionarse la relación entre su ideología, su praxis educativa y las necesidades del contexto para generar después prácticas pedagógicas dirigidas hacia la transformación del orden social general en interés de una mayor justicia social, de género y económica.

Para ello es necesario caminar hacia centros educativos cuyas señas de identidad estén atravesadas por la promoción de los Derechos Humanos, la equidad de género y la coeducación, la inclusión y la interculturalidad; centros en los que la participación de la comunidad educativa amplia (familias, barrio, localidad,…) no sea meramente representativa, sino que, mediante un régimen asambleario, pueda llegar a definir y evaluar el proyecto educativo y los planes anuales de Centro; centros cuya gestión esté orientada hacia el desarrollo sostenible –recursos energéticos, materiales, currículum…–, aunque esto suponga pérdida potencial de consumo.

El aprendizaje en estos centros se enfoca hacia la autoconciencia emocional, la autoestima, la empatía; ayuda a gestionar adecuadamente la frustración y el conflicto. Además, vincula los procesos de enseñanza-aprendizaje con los entornos local y global de las personas que forman la comunidad educativa. Es un aprendizaje crítico, que utiliza metodologías reflexivas y colaborativas, que va mucho más allá de los aprendizajes meramente reproductivos, apostando por aquellos que tratan de comprender y analizar la realidad desde cada materia, para actuar sobre ella.

Estos aprendizajes se apropian del currículum y lo modifican en función de los fines ya expresados (justicia, bien común, sostenibilidad,…) y programan prácticas educativas que persiguen la incidencia transformadora en los contextos. Esto supone que se deben revisar los estándares y competencias que se van a priorizar, así como el modelo de evaluación de los aprendizajes, que debe tender a ser, en sí misma, generadora de nuevos aprendizajes.

Obviamente, la política de Centro, en lo referente a gestión de infraestructuras, normas de funcionamiento, uso de espacios y recursos, toma de decisiones y relaciones y convivencia a nivel interno y externo no puede ser ajena a este enfoque, y debe tener en cuenta tres rasgos esenciales: autonomía, participación y formación.

Los documentos estratégicos del Centro deben ser definidos desde la perspectiva de la Educación Transformadora para la Ciudadanía Global y los Derechos Humanos, en los que estén presentes políticas promotoras de sostenibilidad, participación, inclusión, igualdad,…

La organización de los órganos colegiados y de participación debe ser participativa, de abajo arriba, integradora de las propuestas de los distintos colectivos del Centro, inclusiva de la diversidad de opiniones, métodos e ideas.

Para finalizar, antes de dar paso a un interesante coloquio, esbozó los pasos necesarios para avanzar hacia un Centro con identidad transformadora:

  • La comunidad educativa debe “soñar” el Centro que quiere.
  • Hay que analizar la realidad: ¿quiénes somos?, ¿dónde estamos en el momento actual?, ¿de qué historial de prácticas transformadoras disponemos?
  • Definir metas, pasos para alcanzarlas, recursos materiales y personales, medidas organizativas, alianzas necesarias y actividades que facilitarían su consecución.
  • Ejecutar el plan de acción.
  • Divulgar y celebrar los logros.

Texto y fotos: C.C.P.