VISITA AL "CEMENTERIO INGLÉS"

19 2 16 1El sábado día 16 de febrero tuvo lugar una visita cultural organizada por el Centro Cultural Poveda y la Asociación Socioeducativa y Cultural Poveda.

Su objetivo: conocer el cementerio británico de Linares, su historia, descripción y simbología.

Los asistentes fueron acogidos a las puertas del mismo por el profesor D. José María De Rus Martínez, quien abrió la presentación con una frase del diario de Thomas Sopwith, escrita en 1864: “Puedo mencionar un ejemplo de tolerancia. Difícilmente me esperaba encontrar en esta parte de España un cementerio protestante junto al cementerio general del lugar”.

Seguidamente preguntó a los visitantes ¿por qué habría de existir un cementerio británico en Linares? ¿Por qué los ingleses no se enterraban en el cementerio general de la localidad?  Las respuestas las ofrece la propia historia de la ciudad.

La liberalización de la industria minera y otros ámbitos, como el ferroviario, favorece la llegada de empresarios y técnicos cualificados, en su mayoría inmigrantes evangélicos procedentes del norte de Europa, especialmente de Alemania y Gran Bretaña. Con ellos llegó también la revolución industrial y grandes cambios sociales, educativos, culturales y religiosos. Hasta tal punto la colonia británica era numerosa que en 1872 se estableció en la localidad una oficina viceconsular de este país.

La existencia de un cementerio británico se debe principalmente a cuestiones religiosas. La Constitución de 1845, en su artículo 11, afirmaba: “La religión de la nación española es la Católica Apostólica y Romana. El Estado se obliga a mantener el culto y sus ministros”. Profesar cualquier otra forma de religión supondría una pérdida de derechos, entre ellos el de ser enterrado en el cementerio general. Ante esta realidad, británicos y alemanes de religión protestante adquieren una parcela de terreno frente al católico, para inhumar en él a sus difuntos.

19 2 16 3Para hacer la descripción del cementerio, el profesor de Rus partió de la que realizó en 1875 Hugh James Rose, religioso anglicano e historiador, que reproducimos extensamente por el interés de la misma: “El alto sentimiento y espíritu de los propietarios de minas ha conseguido una pequeña bella porción de tierra para enterramiento de sus fallecidos. […] Los arriates en los que se encuentran las sencillas tumbas están bellamente cuidados, habiendo suficiente agua que se recoge del viejo pozo de la esquina. Tres estrechos pasillos, cuidadosamente engravillados (sic), cruzan el cementerio. […] Hay una abundancia de rosales, geranios, pequeños pimientos o guindillas, pequeñas acacias y cipreses están aquí en abundancia, y en el centro hay un precioso ciprés piñonero, ahora cargado de piñas. Sobresalen tres o cuatro tumbas, pero aquí todas son de modestas dimensiones. […] Hay una pequeña habitación para el jardinero donde él prepara sus plantas y cuida de un criadero de pájaros cantores enjaulados. […] Un funeral en este cementerio es digno de ver. Se celebra por la tarde, para que todos los ingleses puedan asistir, todos se reúnen en silencio alrededor del ministro, y se unen fervientemente en los responsos; y cuando la ceremonia ha concluido, vuelven lentamente a casa, en grupos.”  Los numerosos participantes en la visita pudieron comprobar cómo muchas de las características recogidas en esta descripción se corresponden con el estado actual del mismo.

19 2 16 2El primer enterramiento evangélico en Linares data de 1855, tratándose de James George Remfry, tío de Carlota Remfry de Kidd, que también descansa en él, junto a su padre. Al tratarse de enterramientos en el suelo, a esta tumba hubo que colocarle un vallado que la protegiera de las alimañas que podrían profanar los restos del fallecido buscando alimento. Con el abandono de la ciudad de la colonia británica y la llegada del régimen franquista –y su declaración de la católica como la religión oficial del estado– el cementerio deja, prácticamente, de recibir enterramientos, siendo los últimos sepultados en él Pedro Hasselden y la mencionada Carlota Remfry, en 1957.

Hasta el año 1968, fecha en la que se firma un acuerdo entre representantes de la comunidad evangélica local y Enrique Hasselden Montes, descendiente de los antiguos propietarios del cementerio, por el que este les cede su propiedad a cambio del mantenimiento de la misma,   permanecerá inactivo. Será en ese año cuando se realice el primer enterramiento de un linarense de religión evangélica. Está constatado que, hasta ese momento, los protestantes de la ciudad eran puestos en una fosa común en un rincón del cementerio general llamado “El Corralillo”, junto con prostitutas, ateos y suicidas, simplemente por profesar una fe diferente a la oficial del Estado.

Lo que el visitante encontrará en el actual cementerio son lápidas bien cuidadas, con plantas o sin ellas, pero en las que nunca faltará un versículo de la Biblia. Son palabras que rezuman esperanza en un lugar donde aparentemente no debería haberla.

Texto y fotos: C.C.P.