JESÚS, UN PROFETA LAICO

19 2 8 1Continuando con las reflexiones mensuales del Seminario de Cristología, este mes de febrero se ha detenido en la consideración de Jesús como “profeta laico”, conducida por el sacerdote don Pedro Heredia.

Comenzó por desentrañar el significado de “profeta” como mensajero, como portavoz de Dios y llamado por Él para que se manifieste al pueblo lo que quiere. Puso especial cuidado en dejar claro que un profeta no es un adivino, sino un testigo de la voluntad de Dios, una voz que anuncia el Reino de Dios.

El mismo Jesús se consideraba profeta, y también los suyos lo consideraban como tal. De hecho, muchas veces en el Evangelio aparece denominado como profeta, porque se muestra siempre unido al Padre, siendo el único que se atrevía a llamar a Dios ‘Abba’, porque para Jesús su vida era ‘Abba’, en una unión íntima y confiada. Para Jesús el ‘Abba’ lo era todo. Confesó conocerlo y habló con autoridad de todo lo que le decía, oraba desde la cercanía, nos transmitía que todos éramos iguales para Él… “Venid benditos de mi padre porque…”.

19 2 8 2El reino de Dios es el centro de toda la predicación de Jesús, quien nos descubre un Dios magnánimo y bondadoso, un Dios que no era el de las Leyes y de los poderosos sino el del corazón y la misericordia; un Dios que quería destruir el hombre viejo para dar paso al nuevo. Sin Jesús no habríamos descubierto a Dios.

La segunda parte de la charla se centró en la condición de laico de Jesús. Insistió el ponente en que la palabra ‘laico’ tiene que ver con todo lo relativo al pueblo, gente no unida al poder. Así lo demostró, estando siempre unido al pueblo; no era sacerdote, no presidió ningún oficio religioso, se limitó a permanecer al lado del pueblo, de los necesitados, de los que eran cómo Él. Todo lo laico tiene que ver con lo humano y con el servicio, y nos pide cuentas de lo que hacemos como humanos: “tuve hambre y…”.

Uniendo ambas consideraciones se puede afirmar, concluyó, que Jesús fue un profeta laico.

Terminada la interesante reflexión se suscitó un vivo debate en el que los participantes volvieron recurrentemente la mirada al Evangelio en busca de indicios adicionales en los que apoyar la afirmación final.

Texto y fotos: C.C.P.