"ANTONIA LÓPEZ ARISTA, UNA INSTITUCIÓN QUE NACE"

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   Este es el título de la biografía más completa editada hasta ahora de la que fuera primera colaboradora en el tiempo de San Pedro Poveda en la construcción de su Obra. Linarense como el fundador y emparentada con él, fue la responsable de cuidar el que fue considerado por el propio Pedro Poveda como “el germen de la Institución Teresiana”, un proyecto de carácter humanitario y social al que llamaron “la cunita del niño Jesús”.

   Así lo puso de manifiesto su autora, Encarnación González, en la primera presentación del libro, el pasado 22 de junio, para la que escogió precisamente la ciudad de Linares –y la actual sede del Centro Cultural Poveda– como escenario de la misma, como ya hiciera hace unos años, con otra de sus obras: “San Pedro Poveda en la génesis de la Institución Teresiana”.

   El conductor del acto, Gregorio Sánchez Raya, no quiso pasar por alto esta circunstancia, que es solo –dijo– una mínima prueba del enorme cariño de la autora por la ciudad y del profundo conocimiento que tiene de ella. De hecho, la definió como “la mejor embajadora de la importancia de Linares en la historia de la Institución Teresiana”.

  En sus palabras del comienzo, el presentador, tras recordar la importancia histórica del lugar en el que se iba a desarrollar el mismo (sede desde 1914 de la segunda Academia de las creadas por San Pedro Poveda y del Centro Pedagógico de Cultura Femenina, anexo a la misma, tan ligados ambos a la vida de Antonia López Arista), enmarcó la actividad dentro de la programación que, con motivo del centenario del fallecimiento de ésta –acaecido del 6 de noviembre de 1918–, viene desarrollando desde enero pasado el Centro Cultural Poveda y que tendrá continuidad en el último trimestre del año. 

18 6 22 6Seguidamente, dio paso a Mónica González, directora de Narcea S.A. de ediciones, responsable de la edición de la obra, que está celebrando en 2018 sus cincuenta primeros años de andadura en el mundo editorial
“cuya tarea ininterrumpida al servicio de la educación engancha muy bien con toda la tradición teresiana de la formación de maestros, que aquí en Linares tuvo especial fruto” –dijo, en referencia a las fundaciones povedanas que acabamos de mencionar–.

   Con la emoción de saberse tomando la palabra en un espacio tan singular, reconoció: “Si estas paredes hablaran, nos trasladarían a comienzos del siglo XX, donde jóvenes maestras ponían al servicio de la sociedad sus innovadores métodos pedagógicos sin perder de vista la formación integral de la persona. Conferencias, debates, cursillos, que además supieron plasmar en el “Boletín de la Academia de Santa Teresa de Jesús”, una “modesta publicación semanal, que fue reconocida como una de las publicaciones más trascendentes y audaces en al ámbito de la cultura y la sociedad del momento, no sólo por el pensamiento en él sustentado, sino por las realidades que fue capaz de expresar y promover”.

En sus palabras, la Sra. González justificó el hecho de haber querido dedicar un volumen, que será el segundo, de la colección “Mujeres en la Historia”, de la editorial que dirige, a la figura de Antonia López Arista, tras el dedicado a Mª Josefa Segovia Morón. “Ambas, Antonia y Mª Josefa Segovia, vivieron una aventura vocacional nueva, inédita, distinta y peculiar, que merece ser recordada en el tiempo” –afirmó–.

También se refirió al carácter de la publicación, con estas palabras: “Acercarnos a su figura [de Antonia] supone un acto de respeto y gratitud, pues bien sabemos que “elaborar una biografía no es solo recorrer una serie sucesiva de acontecimientos externos ocurridos a alguien; es encontrarnos con las motivaciones de los mismos, con las actitudes o acciones éticas que los sustentan, percibir el porqué de determinado modo de ser o de actuar”. Y, citando a la propia autora, dijo: “Por tanto, biografiar a Antonia López Arista es reconocer su original e imprescindible aportación al lado de don Pedro Poveda; aportación que incluye su propia originalidad, su capacidad de hacer historia en el momento en que mujeres creativas, audaces y arriesgadas como ella abrían nuevos cauces al feminismo en la Iglesia y en la sociedad.”

   La parte central del acto, como es obvio, corrió a cargo de Encarnación González, autora de la obra, quien, amiga de destacar el simbolismo de algunas coincidencias, hizo notar que el libro se acabó de imprimir el 1 de mayo de 2018, precisamente el día del aniversario del nacimiento de Antonia.

   Su intervención estuvo estructurada en tres grandes apartados: la génesis del libro, “Una Institución que nace” y las conclusiones que la propia autora saca de la publicación.

  • ¿Cómo ha nacido este libro?

18 6 22 4Para responder a esta cuestión, la autora comenzó refiriéndose a la celebración, el año pasado, en Jaén, de los cien años de la aprobación de la Institución Teresiana en la diócesis y provincia de Jaén, la promulgación de sus primeros Estatutos y, constituida jurídicamente como tal la Institución, el compromiso de sus primeros miembros, entre ellos, y con carácter definitivo, el de Antonia López Arista.

El deseo de unirse a esta celebración fue el origen de la publicación de la biografía de Mª Josefa Segovia Morón, de la misma autora, que fue presentada entonces y, de alguna manera, también, de la de Antonia.

Se iniciaba así, respondiendo al deseo íntimo de ofrecer hoy el testimonio de personas como ellas o como el de Isabel del Castillo y otras “valientes, iniciadoras de la Obra de Poveda, que abrieron nuevos caminos, casi sin roturar hasta entonces”, la colección “Mujeres en la historia”. 

  • “Una Institución que nace”

  El subtítulo del libro está tomado de un artículo de don Francisco Martínez Baeza, párroco, en 1917, de San Francisco de Asís de Linares, y uno de los más acendrados defensores de la obra de Poveda. Baste decir que fue el encargado de llevar a la imprenta sus primeras publicaciones y de recoger cuantos artículos se publicaron en la prensa de la época sobre el proyecto povedano, además de colaborar muy estrechamente con la Academia de Linares.

   En esta expresión encuentra –según dijo– la propia autora “la síntesis más síntesis, el núcleo, la tesis del libro que tenemos entre manos”.

   Comienza la obra con un acercamiento al contexto histórico en el que se desarrolló la vida de Antonia. No en vano, “para comprender a una persona que vivió en el pasado, no hay más remedio que restituirla a su tiempo; es el único modo de que pueda decir algo al nuestro”.

   Así pues, encontramos a una Antonia (1887-1918), testigo de una época que pasa de la esperanza del progreso y el entusiasmo colectivo por la llegada del nuevo siglo a la decepción de la Primera Guerra Mundial, acontecimientos que, de alguna manera, tuvieron su propio reflejo en Linares, que pasó del auge al declive de la producción minera; una ciudad en la que convivían la acomodada situación de familias como la de la propia Antonia con las bolsas de pobreza en ciertos barrios; el ambiente de una ciudad culta, abierta a Europa, con tasas de analfabetismo que superaban el 70%.

   Esta realidad, que, sin duda, ella conocía, con toda probabilidad la interpeló y la llevó a tomar iniciativas en favor de los más necesitados de apoyo y de ayuda material.

18 6 22 7   La primera etapa, pues, de la biografía de Antonia, llega hasta 1908, momento en que comienza con un grupo de jóvenes linarenses esa interesante actividad que dieron en llamar “la cunita del Niño Jesús”, que básicamente consistía en la confección de ropas de niño con las que socorrían a las familias más desfavorecidas; un modo de ayudar y, al mismo tiempo, establecer contacto con las familias. Es la etapa también en la que se produce el primer encuentro con su primo Pedro que llegaba a Linares, derrotado, después de la experiencia gloriosa y triste de Guadix. Comenzó entonces una relación de amistad y de acompañamiento espiritual que configuró definitivamente la vida de ambos en un proyecto común: la Institución Teresiana.

   Una segunda etapa de su biografía comprendería los años que van entre 1909 y 1913, cuando, siempre al lado del fundador, contribuyó de modo decisivo a la configuración de la Obra Teresiana.

   Serían los años en los que, aprovechando los veranos familiares en Covadonga, Antonia escucharía a don Pedro y conversaría con él sobre sus proyectos acerca de una Institución Católica de Enseñanza; conversaciones que se reproducirían en los momentos en que el fundador regresaba, durante el invierno, a Linares.

   Ella, que había conocido y apoyado el proyecto desde su primerísima idea, ve cómo se va haciendo realidad: la Academia de Oviedo y las realizaciones de Linares (Academia, Centro Pedagógico de Cultura Femenina, Boletín semanal, clases gratuitas,…) van tomando cuerpo y se convierte en una eficacísima propagandista de la Obra, copiando y difundiendo los escritos de Poveda y comunicándose con distintas personas para darla a conocer. En el momento de su muerte se recogieron aproximadamente unas mil cartas, de las que se conservan apenas una cuarta parte. Unas cincuenta están recogidas, junto con algunos de los artículos que escribió en el Boletín y parte de una serie de pensamientos sobre el Padre Poveda extraídos de sus cartas, en una Antología de sus escritos en la parte final del libro.

   La tercera etapa, abarca los años 1914 a 1918; es decir, desde el momento en que el Padre Poveda se trasladó a Jaén, hasta que fallece ella el 6 de noviembre de 1918.

   Son momentos muy delicados, en los que la Obra Teresiana empieza a ser puesta en cuestión por quienes no estaban dispuestos a dejar que prosperara. Por eso, a Antonia le toca, en buena medida, ser el incondicional apoyo del fundador en estos momentos de zozobra, con su cercanía, su palabra, sus escritos y su propia vida.

   En el libro queda, por tanto, meridianamente clara la aportación de Antonia a la Institución Teresiana, que puede resumirse en estas palabras de la autora: “Antonia aportó, en suma, el teresianismo vivido en la comunión efectiva, en la virtud sólida, en la atención constante a la mínima necesidad ajena, en la cordialidad sincera, en una increíble capacidad de abnegación, de sacrificio y de trabajo. Tuvo la habilidad y la gracia de hacer confluir pensamientos y voluntades distantes en un proyecto común, y con su reconocida, profunda y sincera adhesión al fundador fue capaz de suscitar esta misma actitud en los miembros de la nueva Institución”.

  •  Conclusiones

 18 6 22 5La parte final de la alocución de la autora estuvo dedicada a una reflexión en torno a la cuestión de si es posible encuadrar a Antonia López Arista en una colección titulada “Mujeres en la Historia”; es decir, mujeres que han hecho historia. En realidad, ella apenas salió de Linares, no ostentó un título académico que la hubiera prestigiado, no ejerció un destacado puesto de trabajo ni utilizó la situación económica o la relevancia política y social de su familia; tampoco destacó por habilidades excepcionales en campos como la literatura, las ciencias o el arte. Simplemente estuvo plenamente inmersa en una sociedad a la que amó y en la que supo encontrar su propio lugar, su peculiar modo de estar.

   “Antonia –dijo la autoravinculó su existencia a un proyecto completamente nuevo, original, atrevidísimo. […] supo confiar, lanzarse a lo imprevisto y a la vez mantener firmes las riendas de su pensar y de su hacer. […] Antonia supo querer y hacerse querer con la intensidad y la libertad de quien es plenamente dueño de sí y sabe respetar, orientar y promover a los demás”.

   Las primeras promociones de mujeres de la Escuela de Estudios Superiores del Magisterio de Madrid contaron con el apoyo, el impulso y la decisión de Antonia para lanzarse a la misma aventura que ella. Antonia fue para ellas un referente, un paradigma, una anticipadora de un nuevo modo de ser, de estar y de hacer.

   Más tarde, generaciones de maestras salidas de las primeras Academias de Santa Teresa sembrando luego los pueblos de buen hacer pedagógico y decidido compromiso social, bebieron también de sus cartas y sus escritos. Es evidente, entonces, que Antonia, con su extraordinario vigor, su sencillez y su cordialidad, llegó a crear novedad en la Historia y ocupa, con todo merecimiento, un lugar en esta colección.

   Las intervenciones del público, muchas refiriendo anécdotas familiares sobre la propia Antonia, en animado coloquio con la autora y la consiguiente firma de ejemplares, cerraron una velada llena de cariño hacia la Institución y a lo que esta continúa ofreciendo a la ciudad de Linares.

Texto y fotos: C.C.P.