"LAS TEORÍAS EXPIATORIAS"

18 5 22 1El seminario de Cristología se despidió, por este curso, el pasado viernes, 25 de mayo.

En esta ocasión el ponente fue D. José Godoy, “Pope”, que habló sobre "Las teorías expiatorias".

Para desarrollar el tema elaboró un tríptico titulado “Para nuestra maduración cristiana”, cuya primera parte es “Del Jesús de la historia al Cristo de la fe”.

El ponente se refirió a charlas anteriores para recordar que los relatos de la infancia recogidos en los evangelios de Mateo y de Lucas no reflejan hechos históricos (su contenido sí es verdadero, pero carece de historicidad; son narraciones catequéticas, bellísimas y muy profundas, que nos abren a la vida y al mensaje de Jesús), como tampoco lo hacen los relatos de las apariciones de Jesús tras la resurrección.

Tras esta introducción, invitó a intentar un acercamiento al Jesús de la historia con los pocos datos que aportan los evangelios: Jesús nació en Nazaret, una aldea de unos ciento veinte habitantes, situada en las montañas de Galilea.

Continuó recordando el bautismo de Jesús en el río Jordán, repasando el texto evangélico: “Sucedió que en aquellos días Jesús llego desde Nazaret y Juan lo bautizó en el rio Jordán; inmediatamente, mientras salía del agua, vio rasgarse el cielo y al Espíritu bajar como paloma hasta Él y hubo una voz del cielo: “Tú eres mi hijo, bien amado, en ti he puesto mi favor”; seguidamente el Espíritu lo empujó al desierto”.

Esta –dijo el ponente– es una experiencia interior que tiene Jesús y la contó a sus discípulos de esta manera.

Seguidamente se refirió al episodio de las tentaciones, en las que se dice que Jesús estuvo en el desierto cuarenta días tentado por Satanás. Es sabido que cuarenta es un número simbólico, el tiempo que Él necesitó para discernir sobre su misión.

Sin solución de continuidad, sigue el evangelio de Marcos: “Después que entregaron a Juan el Bautista, llegó Jesús a Galilea y se puso a proclamar la buena noticia de parte de Dios”. Aquí es donde aparece el primer dato sobre la familia de Jesús: “predicando entre la multitud, la gente decía: “mira, tu madre y tus hermanos te buscan ahí fuera. Volvió a su tierra seguido de sus discípulos y el día de precepto se puso a hablar en la sinagoga, como era costumbre en los varones. La mayoría, al oírlo, decían impresionados: ¿de dónde le vienen a éste esas cosas?, ¿qué clase de saber le han comunicado a éste y qué clase de fuerzas son estas que le salen de las manos?, ¿no es este el hijo del carpintero y su madre es María y sus hermanos, Santiago, José, Simón y Judas?, ¿si sus hermanas están todas con nosotros?

Estos son los únicos datos históricos que tenemos de Jesús. Su vida pública fue muy corta. Según los evangelios sinópticos, solo duró un año. La tensión frente a los dirigentes religiosos y políticos fue inmediata, ganando pronto en intensidad. Los fariseos, junto con los herodianos, se pusieron enseguida a maquinar en contra suya, para eliminarlo.

18 5 22 3De la pasión y muerte de Jesús destacan dos hechos importantes: primero, Jesús murió completamente solo, como aparece en los sinópticos, no hubo nadie junto a la cruz; es impensable que los soldados romanos permitieran a unos familiares situarse al lado de la cruz de un ajusticiado. “A media tarde, clamó Jesús dando una gran voz: “¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado? Según los especialistas, todas las frases que aparecen en arameo en los evangelios son históricas y esta es la única frase del relato de la crucifixión escrita en la lengua de Jesús. Por eso, sabemos que Jesús, en la cruz, abandonado de todo el mundo, dio ese grito.

El segundo hecho es que también unas mujeres, ente ellas, María la madre de Santiago el pequeño y de José, María Magdalena y Salomé, observaban desde lejos todo lo que sucedía, sin poder hacer nada y llegaron a pensar que con la muerte de Jesús, desaparecía el proyecto del Reinado de Dios. No se sabe cuánto tiempo estuvieron en este abatimiento, pero las mujeres tuvieron un papel relevante en todo el proceso de reflexión y encuentro con el resucitado, se resistieron a pensar que todo había terminado y no se abandonaron al fracaso, tomando iniciativas frente al miedo, el desconcierto y la pasividad de los varones.

Llegados a este punto, invitó a los presentes a hacerse una pregunta: ¿por qué murió Jesús?

Y aportó tres ideas para reflexionar sobre ellas: que Jesús abrió los ojos a la gente para que descubrieran su propia realidad y tomaran sus propias decisiones; que Jesús desmonta una religión que oprime a las personas y coarta la libertad y generosidad personales y, finalmente, que el poder religioso y el poder político no soportan la libertad de las personas, sino que necesitan una sociedad sumisa como soporte de su poder y su dominio.

La segunda parte del tríptico al que se refirió al principio la tituló “la fe tradicional”.

Afirmó que la fe tradicional sobre Jesús no está vinculada a su vida. Para desarrollar esta afirmación acudió a la formulación del Credo, en el que se dice “…Creo en Jesucristo… nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado…” Es asombroso –dijo– que durante siglos hayamos estado repitiendo esto, sin mencionar nada sobre su forma de vivir y de actuar. La teología que se ha estudiado durante siglos y parece que sigue de telón de fondo se ha centrado en el pecado, la penitencia y el perdón.

La tercera parte es la titulada “hacia una fe más adulta”, como un deseo compartido por un enorme número de creyentes. “Necesitamos incorporar a nuestro universo religioso hallazgos elementales de la evolución científica –afirmó–: ya sabemos que no existió paraíso terrenal, que no hubo pecado original, que no hay redención, que la muerte física no es consecuencia o castigo de una transgresión primigenia, como sigue afirmando el Concilio Vaticano II.” Continuó invitando a los presentes a asumir que no hay redención, que Jesús no murió por los pecados de la humanidad, sino que es uno de tantos seres humanos que murieron y siguen muriendo por hambre, por guerras, por catástrofes naturales, por la ambición humana; y pidió un recuerdo especial para tantas personas crucificadas, como Jesús, que murieron y siguen muriendo para dar vida a muchos.

18 5 22 2En la última parte de su intervención, abordó el controvertido tema de si Jesús fundó o no una religión. Según asumen los especialistas, no lo hizo. Entre otras razones porque no tuvo tiempo, con una vida pública tan corta.

Los únicos datos de que se dispone para tratar de recuperar la historia son los que aporta Lucas en los Hechos de los Apóstoles: los seguidores de Jesús dispersos con motivo de la persecución de Esteban llegaron a donde tenían amistades o familias –Fenicia, Chipre o Antioquia–, exponiendo el mensaje de Jesús únicamente a los judíos; aunque hubo alguno de ellos, naturales de Chipre y de Cirene, que les hablaron a los griegos, no judíos, dándoles la noticia de la llegada del Señor Jesús, y un gran número creyó, convirtiéndose al Señor. Llegaron noticias de esto a oídos de la comunidad de Jerusalén y enviaron a Bernabé, tío de Marcos el evangelista. Cuando llegó allí, se alegraron mucho y Bernabé exhortó a todos a seguir unidos al Señor con firme propósito. Una multitud considerable se adhirió al Señor. Fue en Antioquía donde por primera vez los discípulos fueron llamados cristianos. El mensaje se transmite a través de este grupo de seguidores no israelitas.

La exposición finalizó con una pregunta a los presentes: “¿en qué medida nos sentimos interpelados, hoy día, a tanta distancia en el tiempo?”

Contestando, el ponente confesó su fascinación por esa abrumadora metáfora de Dios Padre–Madre de todos los seres humanos. Para él, esa es la gran aventura de Jesús, que nos dio la experiencia de Dios Padre–Madre, y su consecuencia más radical: la fraternidad humana, una utopía valida y motivadora para todas las religiones y para toda persona de buena voluntad.

La sociedad civil, sin ayuda de las religiones, ha formulado la declaración Universal de los Derechos Humanos y más de sesenta años después el Vaticano, como estado, todavía no la ha ratificado, porque no acepta la igualdad entre hombres y mujeres. Resulta llamativo y aleccionador que la primera apertura de la comunidad hacia los paganos la hicieran creyentes anónimos, no los Apóstoles; la comunidad cristiana, también hoy, necesita romper muchas barreras, patriarcales, dogmáticas, sexuales, culturales,…, y también ahora, como entonces, son las personas, los grupos cristianos, quienes van abriendo camino y rompiendo barreras.

Ninguno de los asistentes quedó indiferente ante esta charla, que finalizó con un animado y clarificador coloquio.

Texto: C.C.P.