LOS MILAGROS DE JESÚS

18 4 20Con la afluencia de mucha gente fiel a los Seminarios de Cristología impartidos, vividos, mensualmente en el Centro Cultural Poveda por Don Pedro Heredia, sacerdote, se celebró este pasado veinte de abril un nuevo motivo de reflexión en torno a los milagros de Jesús. Esta vez condujo el tema Don José Godoy, Pope para todos, un incansable y cercano comunicador de los Evangelios al que se le dedicó un cálido y cariñoso recibimiento al volverlo a ver después de varios meses de ausencia.

El ponente en primer lugar quiso matizar la palabra milagro, lo llamaba, más bien, signos o prodigios; hechos “poco normales”, que Jesús realizaba en las personas de su tiempo provocando un asombro y una fascinación propias de un hombre elegido por Dios. La sociedad del tiempo de Jesús era muy religiosa conforme a las tradiciones y también muy poco científica, de ahí que las actuaciones de Jesús fueran consideradas milagros. Jesús era un sanador y sus signos o prodigios iban siempre encaminados a anunciar la llegada de Dios en una serie de relatos con un contenido simbólico y catequético destinado a comprender.

Empezó diciendo que en el Nuevo Testamento no se habla de milagros sino que existen cuatro palabras que se repiten muchas veces para acercarse al sentido de los prodigios divinos. Estas palabras son: “Dynamus” para significar fuerza y poder; “Ergon” como obra y actividad; “Semeión” como signo y señal y “Tera” para significar prodigio y portento. Ya en los Evangelios, según el ponente, el de Juan es el más simbólico en cuanto a las señales que Jesús nos quería hacer comprender. Para ilustrar la primera señal puso como ejemplo el relato de las “bodas de Caná” en las que la figura de su madre querría significar la antigua ley por lo que demuestra su despegue de la Alianza, las tinajas de barro también eran la antigua ley con lo que al hacer el prodigio con el símbolo del vino nuevo quería representar el amor y la alegría como una nueva relación con Dios. Según Pope, ese fue el principio de las señales.

La segunda señal la representa en la apertura hacia todos, hacia los paganos y la promesa de una salvación universal. No es un alarde de poder sino de cercanía, la búsqueda de la solidaridad entre las personas, el rechazo a la idolatría y la apertura de los ojos hacia la verdad, como sucedió en los relatos del ciego y del paralítico. Jesús les impele a actuar por sí mismos, a tomar sus propias decisiones, a que superen las ataduras “de cualquier religión que impida o mediatice la libertad personal”: “me has abierto los ojos” o “quienes no ven, verán, y quienes ven quedarán ciegos”. Símbolos y alusiones claras al reino de Dios que no se refería precisamente al “orden” anquilosado que imperaba en aquel tiempo.

Se relataron muchos prodigios hechos por Jesús provocando la pregunta: ¿Jesús hizo milagros o no? La conclusión fue que esto no afecta al planteamiento radical sobre el mensaje de Jesús. La persona que es Jesús no necesita de los milagros, Jesús estaba muy enraizado en su pueblo e identificado con su gente, siempre con los más marginados y explotados y contra la injusticia y la manipulación que se hacía de Dios y que fue lo que le llevó a la muerte. Es el mensaje que se desprende de todos los prodigios de Jesús.

Al terminar se produjo un animado coloquio, un coloquio vivo que se podría resumir en la profundización de la fe y el verdadero entendimiento del “agobio religioso”, en palabras de Pope, en crecer en la madurez interior evitando esquemas, tabúes y tradiciones. En sanar junto a Él, y desde la fe llegar a pensar por nosotros mismos.

Texto y fotos: C.C.P.