DERECHOS DE LAS MUJERES Y SALUD


18 3 2 3El pasado viernes, 2 de Marzo, se cerró el ciclo conferencias englobadas dentro de las XII Jornadas por los Derechos Humanos, dedicadas en esta ocasión al tema “Mujer y Ciudadanía”, que organizan el Centro Cultural Poveda, la Asociación Socioeducativa y Cultural Poveda y el Comité “Óscar Romero”; con la colaboración de InteRed y la Obra Social “Fundación La Caixa”.

La intervención final, "Derechos de las mujeres y salud", fue impartida por Pilar Iglesias Aparicio, doctora en Filología Inglesa, experta en feminismo y coeducación.

Comenzó su exposición la señora Iglesias comunicando a los asistentes su deseo de que al finalizar la sesión saliesen con más interrogantes que respuestas. Del mismo modo, manifestó su pretensión de que cada persona relacionase lo que iba escuchando con su propia vida y su realidad, para lo cual lanzó las siguientes preguntas: ¿Qué diferencias reales han existido en vuestra vida por el hecho de haber nacido hombres o mujeres?, Vuestra vida ¿habría sido igual si os hubiera tocado el otro sexo?, ¿Que percepción tenemos de nuestra salud?, ¿Qué importancia tiene la salud en nuestra vida?, ¿Cómo cuidamos o agredimos nuestra salud?

Tras estas premisas, a las que aludió en diversos momentos de su intervención, comenzó su alocución con la definición de salud de la Organización Mundial de la Salud, que data de 1946: “La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”; una definición, según la ponente, algo inalcanzable y excesivamente utópica y que tendría que ser completada con algunos conceptos más, que abarquen otras dimensiones, tales como ‘psicológico’, ‘emocional’, ‘sexual’ o ‘espiritual’.

Casi cuarenta años después, la propia OMS habla de la salud como la capacidad de cada persona para realizar sus aspiraciones, satisfacer sus necesidades, cambiar el ambiente o hacerle frente.

Para la ponente, si pensamos en la cantidad de situaciones que pueden colocar a los seres humanos en condiciones precarias, es difícil que muchos de ellos lleguen a poseer esas capacidades.

Continuó apuntando que la salud tiene una dimensión más amplia y social que simplemente llegar a una consulta médica para que nos receten un medicamento; es algo más holístico y complejo, en el que habría que considerar aspectos sociológicos, sociales, económicos, etc. En el caso de la mujer, hay unos factores genéticos que pueden influir en buena medida, como la fisiología propia de las mujeres, la menstruación, el embarazo, su endocrinología, etc., así como una psicología diferenciada. Para el propósito de la charla conviene centrarse en lo social, que es únicamente lo susceptible de ser transformado: las creencias, los valores, la propia opinión que tenemos las personas de nosotras mismas… influyen de un modo decisivo en nuestra salud.

Situaciones como el estrés o las exigencias externas que nos producen sobrecargas, el empoderamiento o desempoderamiento, así como el hecho de tener o no soporte y reconocimiento social, la corresponsabilidad o su ausencia, por ejemplo, influyen en cómo nos sentimos y en cómo enfermamos a lo largo de la vida.

18 3 2 2El sexo-género es un factor fundamental de la vida del ser humano, que todavía en la mayoría de culturas determina en gran medida la vida de las personas.

En este sentido, manifestó que el actual marco sociocultural (patriarcado androcéntrico), político y económico de nuestras sociedades, perjudica seriamente la salud y se extendió aportando datos para avalar su tesis: a pesar de los cambios producidos en los últimos años, seguimos viviendo en un sistema de valores masculino, que está, incluso, por encima de lo económico.

¿Cómo se construye la identidad de sexo-género, que tanta influencia tiene en la socialización y, por tanto, la salud? Podríamos considerar que hay un factor biológico con el que se nace y otro social, pero la cuestión no es tan simple, porque desde la primera célula o embrión se van produciendo una serie de procesos en el útero hasta que se forma la persona y nace siendo niño o niña; pero por cuestiones genéticas existe un porcentaje de población importante que antes de nacer no responde al patrón XX o XY, lo cual tiene un enorme impacto en la salud y calidad de sus vidas, ya que según se asigne al recién nacido uno u otro género, de manera inmediata se le incorporan todas las creencias respecto a cómo debe ser el niño o la niña, qué roles le atribuye la sociedad. Este proceso –continuó la ponente– se plantea como algo natural, pero no lo es: los seres humanos somos animales simbólicos y culturales.

Históricamente, los que han construido el saber han sido varones y han transmitido la idea de que la mujer es diferente al hombre, considerando a estos como los “normales” y a la mujer como una versión “disminuida” de ellos. Para los mitos de creación (el griego, el judeocristiano), la mujer es la fuente de todo mal, es un mal en sí misma; su única misión y utilidad es la procreación. En esta construcción de siglos, las mujeres, su cuerpo, se han presentado como inferior al de los hombres, como descontrolado, porque se rigen por los sentimientos y no por la razón, porque no tienen la inteligencia suficiente.

Hay otros factores de opresión, de discriminación, que cruzan la historia de cada mujer y cada hombre. A esto, desde el feminismo se le denomina “interseccionalidad”: la vida de cada cual está atravesada por unas realidades. Este hecho debería ser tenido en cuenta en cada consulta y tratamiento médicos.

Centrándose en España y más concretamente en Andalucía, puso de relieve que en los libros de texto, contra todas las leyes de igualdad, todavía se invisibiliza a la mujer, incluso a las escritoras, con lo cual las niñas siguen estudiando que todo el saber de la humanidad lo han construido los hombres.

La educación afectivo-sexual, por ley, desde hace ocho años, debe ser obligatoria, pero todavía no se ha implementado nada en este sentido. La publicidad, los medios de comunicación bombardean con imágenes en las que el varón aparece como dominador y violento y la mujer en actitudes muy pasivas. Si somos seres humanos, –dijo– tendremos que tener los mismos derechos.

Los cuidados, básicos para el mantenimiento de la vida, que tradicionalmente viene asumiendo la mujer, se infravaloran. Según las encuestas realizadas en Andalucía, las mujeres emplean en ellos, más del doble de horas que los hombres.

Continuó la señora Iglesias con el recorrido comparativo entre hombres y mujeres a lo largo de la vida desde distintos puntos de vista (social, cultural, sexual, de salud, etc.) llegando a la conclusión evidente de la discriminación que sufren las mujeres, para concluir que, si el malestar de las mujeres y también de parte de los hombres nace de la propia configuración social, lo mejor que se puede hacer es abandonar los estereotipos de género. Mientras dos seres humanos de distinto género no puedan ir a la misma hora por los mismos sitios, vestidos como les dé la gana, respetándose mutuamente, viviremos en una sociedad profundamente injusta.

Igual que en las conferencias anteriores, los asistentes estuvieron muy activos, planteando preguntas sobre la exposición, sobre todo al hilo de las cuestiones que la señora Iglesias lanzó al comienzo con la intención de provocar y abrir un debate que resultó de lo más vivo.

Texto y fotos: C.C.P.