"Derechos de las mujeres y trabajo"

18 2 2 2   El pasado viernes, 2 de Febrero, continuando con la serie de conferencias englobadas dentro de las XII Jornadas por los Derechos Humanos, dedicadas en esta ocasión al tema “Mujer y Ciudadanía”, que organizan el Centro Cultural Poveda, la Asociación Socioeducativa y Cultural Poveda y el Comité “Óscar Romero”; con la colaboración de InteRed y la Obra Social “Fundación La Caixa”, se celebró la conferencia-coloquio "Derechos de las mujeres y trabajo", impartida por Mª José Rodríguez, licenciada en medicina y sociología general y militante de la HOAC.

   Para fijar la atención en el objetivo de la conferencia, la ponente comenzó con una cita del Génesis, capítulo 1, versículo 27: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó”.

   De esta frase extrajo dos aspectos fundamentales para el ser humano: en primer lugar que Dios crea al hombre a su imagen y semejanza, por lo que lo hace igual a Él en dignidad y, al mismo tiempo, al crearlo hombre y mujer los constituye en seres sociales, seres en relación. La doctrina social de la Iglesia recoge estos aspectos: cada ser humano es singular, único e irrepetible y por lo tanto, todas las personas deben ser acogidas y respetadas por los demás; es decir, a los ojos de la fe ninguna desigualdad está justificada.

   Sin embargo, al abordar los derechos de las mujeres, se constata que siguen discriminadas, sufriendo desigualdad, vejaciones, malos tratos, violaciones, etc. Citó en este punto a la catedrática de Filosofía Moral y Política, Amelia Valcárcel, que afirma: “la feminización de la pobreza es un hecho. La falta de oportunidades de empleo acordes con la formación, otro. El acoso y, cuando cabe, la violencia, otro más. Todo ello para un colectivo cuyo único defecto visible parece ser el no haber tenido la previsión de nacer con otro sexo”. Veinte años después de haberse escrito este texto, dijo la ponente, prácticamente seguimos en la misma situación.

   Sin embargo, la señora Rodríguez constató los avances que se han producido en este terreno, aunque reconociendo el considerable camino que aún queda por recorrer para poder afirmar que existe una igualdad efectiva en la vida cotidiana, tanto en lo laboral como en lo familiar para hombres y mujeres.

   Habló seguidamente de los derechos, centrándose en la mujer; el derecho de las mujeres al trabajo, los derechos laborales para las mujeres, los derechos familiares de las personas y los derechos sociales de las familias. Lo planteó de este modo, porque desde la fe se entiende que familia y trabajo son dos dimensiones esenciales e inalienables del ser humano, y en estos aspectos, la mujer continúa sufriendo discriminación y se atenta contra sus derechos.

18 2 2 3   Abordó el tema desde tres dimensiones: qué nos dice la realidad sobre los derechos de la mujer en el trabajo, qué causas explican lo que está pasando, por qué siguen conculcándose los derechos de las mujeres y algunos retos y pistas para continuar avanzando.

   Para desarrollar el primer aspecto, se basó en datos estadísticos, llegando a las siguientes conclusiones: a raíz de la crisis económica, en el ámbito laboral, en general, se ha cambiado el empleo de calidad por empleo precario, afectando fundamentalmente a las mujeres; la normativa laboral no se cumple ni se persigue su incumplimiento; la conciliación maternidad-paternidad no está resuelta, y hay un incremento de pobreza y exclusión social debida principalmente a los recortes. En cuanto al ámbito familiar, el patrón de uso del tiempo y organización de la vida cotidiana es diferente para hombres y mujeres.

   A la luz de estas conclusiones, añadió que, aunque se habían empezado a dar pasos en cuanto a la igualdad entre hombres y mujeres, la crisis ha provocado un parón en políticas de igualdad, al primarse el crecimiento económico; por lo tanto, se enfrentan dos modelos de vida: la rentabilidad económica y el cuidado de la vida. Si deseamos el desarrollo armónico de la sociedad, la persona, el trabajo y la familia deben caminar al unísono. Citó a modo de ejemplo unas palabras del Papa Francisco: “el trabajo pertenece al proyecto de Dios en la creación, es algo propio de la persona humana, y expresa su dignidad de criatura hecha a imagen de Dios”. El trabajo debería posibilitar el acceso a los bienes necesarios para poder vivir como personas en familia y en sociedad. Lo importante es que la persona no sea explotada con el único objetivo de obtener de ella un beneficio, porque cuando esto ocurre se están abriendo las puertas de la exclusión. Hay que situar en el centro de todo la sagrada dignidad del ser humano.

   Con este razonamiento se aproximó al segundo aspecto: ¿qué causas explican lo que está pasando, por qué siguen conculcándose los derechos de las mujeres?

18 2 2 4   Actualmente conviven en nuestra sociedad dos modelos con lógicas y valores antagónicos y, por tanto, incompatibles, ya que la lógica del dominio de la economía de la productividad choca con la lógica del cuidado de la vida, que nace del reconocimiento de la dignidad del ser humano.

   En nuestro mundo se ha centralizado el “dios dinero”. Vivimos en una economía sin rostro en la que la persona queda relegada, diluyéndose la humanidad, primando en todos los ámbitos de la vida la rentabilidad, el dinero y la eficacia y buscando como único objetivo maximizar el beneficio. La persona se convierte en una mercancía, que se compra igual que cualquier otro producto. Para funcionar, este sistema necesita seres homogéneos, unidimensionales, cuya única preocupación sea ir a trabajar y, por lo tanto, intercambiables. Esta consideración va en contra de la doctrina social de la Iglesia, para la que los seres humanos somos singulares, únicos e irrepetibles.

   Las necesidades de las personas y las familias son una carga para la rentabilidad, chocando frontalmente con la cultura que provoca el sistema capitalista. En palabras del Papa Francisco, “este sistema nos está llevando a vivir desde el paradigma de la utilidad como principio de las relaciones personales, laborales e incluso familiares, propugnando la mayor ganancia al menor coste”.

   Las consecuencias son claras: los seres humanos somos cada vez más seres individuales, egoístas y hedonistas, sin normas ni ética en el comportamiento, empeñados en gastar y disfrutar a cualquier precio. Se está construyendo un mundo en el que se está negando algo esencial como es la vida familiar, lugar en el que recibimos y damos afecto; ámbito en el que se acompaña y cuida de las personas. Queda en el aire, entonces, un tratamiento adecuado de la maternidad, ya que la madre debe cuidarse más al llevar un niño en su seno y ponerse a su servicio.

   En el tercer aspecto abordó algunos retos y pistas para continuar avanzando.

18 2 2 5   Comenzó este apartado haciendo alusión al llamamiento del secretario general de Cáritas Europa: "Ya es hora de que los Gobiernos nacionales y la UE den prioridad a las personas. Necesitamos abordar las desigualdades entre y dentro de los países. Poner a la gente primero también significa ir más allá del empleo. Las personas no son sólo trabajadores sino seres humanos". En esta línea planteó algunos retos, como el de trabajar por el cambio de la cultura y de la mentalidad, generando corrientes de opinión. Nuestra sociedad ha naturalizado las desigualdades entre géneros y entre personas y nosotros tenemos la obligación de poner sobre la mesa que esto no es normal ni natural. Deberíamos vivir –dijo– desde el ser y no desde el tener, para poder ser personas creíbles; vivir valores como la gratuidad, la donación, la familia, el trabajo; vivir el tiempo de ocio lejos del consumismo; promover el diálogo y el encuentro en toda clase de asociaciones y colectivos, alentando iniciativas para encontrar soluciones legislativas y culturales que posibiliten reorganizar la sociedad en función de las necesidades de las personas y no de la rentabilidad económica, con el fin de buscar la igualdad entre personas; priorizar el cuidado de la vida; trabajar para pasar de la “ciudadanía a la cuidadanía”, creando tejido social y no seres individuales; valorar la aportación femenina a la sociedad, defendiendo una nueva organización del trabajo y reivindicando el descanso semanal para vivir en familia y con los demás; proponer y vivir, haciéndolo visible ante los demás, un modo alternativo de vida.

   Terminó citando a Teresa de Calcuta: “Yo hago lo que usted no puede, y usted hace lo que yo no puedo. Juntos podemos hacer grandes cosas”, a Eduardo Galeano: “Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo” y Margaret Mead: “Nunca dude que un pequeño grupo de ciudadanos reflexivos y comprometidos puede cambiar el mundo, de hecho, es lo único que lo ha logrado”.

   Finalizada la exposición de la señora Rodríguez, se generó un participativo y animado coloquio, que puso de manifiesto el interés de los asistentes por los objetivos de la conferencia: trabajar por la igualdad de género en todos los ámbitos, identificar el origen de las desigualdades y poner en valor el cuidado de las personas y las familias.

Texto y fotos: CCP