"Derechos de las mujeres a la ciudadanía política y religiosa"

18 1 26 3   El pasado viernes, 26 de Enero, continuando con la serie de conferencias englobadas dentro de las XII Jornadas por los Derechos Humanos, dedicadas en esta ocasión al tema “Mujer y Ciudadanía”, que organizan el Centro Cultural Poveda, la Asociación Socioeducativa y Cultural Poveda y el Comité “Óscar Romero”; con la colaboración de InteRed –organización no gubernamental para el desarrollo (ONGD), promovida por la Institución Teresiana–  y la Obra Social “Fundación La Caixa”; se celebró la conferencia-coloquio "Derechos de las mujeres a la ciudadanía política y religiosa" impartida por Margarita Pintos de Cea-Naharro, educadora y teóloga feminista.

   Inició su exposición la señora Pintos comentando que la teología feminista no es una cuestión teórica, sino que además es práctica, porque el feminismo se sostiene sobre estos dos pies, teoría y práctica. No hay buena teoría si no está complementada por una buena práctica.

   Siguió comentando que los derechos deben ir acompañados de los hechos. Para ello partió del análisis de diferentes paradigmas, el de la modernidad –después de la Ilustración–, el científico-técnico o “Big Data” y el que proponen algunas teólogas, compañeras de la ponente: el paradigma ecofeminista. Cada uno de ellos ha conformado un modo de vida en su época; durante la vigencia de los dos primeros, la mayoría de los seres humanos eran tratados como objetos, con más o menos sutileza. Por esta razón, ellas proponen como alternativa el ecofeminismo, en el que la naturaleza es un bien que debemos cuidar y proteger, y el poder debe estar mediado por la razón, siendo el diálogo la herramienta más potente del mismo. Todos los seres somos parte de la naturaleza, pues según la teoría de la teóloga brasileña Ivone Gebara, el Panentheism, no es que todo es Dios; sino que todo tiene algo de Dios. Por eso debemos tratar a todo lo que existe como algo muy valioso, porque en cada ser hay algo de Dios.

18 1 26 2   Sin embargo, sociedad y religión se han organizado, siguió diciendo la señora Pintos, como “heteropatriarcales de género”; es decir, la mitad de las personas de estas sociedades o religiones están sometidas a la otra mitad porque se las considera menores de edad, y esto ocurre por dos razones: porque obligan mediante leyes o por consentimiento propio. Y son genéricas porque las personas asumen funciones y tareas según el género.

   Esta práctica (que no ideología) está forjando la desigualdad y genera conflictos sociales y religiosos. En cuanto a los primeros, se pueden solucionar desde la política, participando en asociaciones y movimientos ciudadanos. En el ámbito religioso, resolverlos es más complicado, porque hemos patriarcalizado el nombre de Dios. En cualquier caso, lo podemos combatir con actitudes y valores éticos que formen parte de nuestra manera de entender la vida, la defensa de los derechos humanos y de la tierra así como la justicia social.

   Seguidamente pasó a analizar las teologías feministas, de las que dijo que forman parte de todos los grupos de investigación de género. Su punto de partida es la experiencia de sometimiento que las mujeres sufren por el patriarcado. 

   Las teologías feministas –afirmó– se encuadran dentro de las teologías de la liberación y en ellas la mujer pobre es lugar teológico por excelencia. Para la señora Pintos las teólogas feministas le deben casi todo al movimiento feminista. Por ejemplo, el concepto de patriarcado proviene de Simone de Beauvoir, y otros como subordinación, desigualdad, género, etc., son instrumentos de análisis creados por este movimiento, que se aplican también al campo de las religiones.

   A continuación presentó con cierta profundidad el método de trabajo de las teologías feministas, en el que es crucial la “deconstrucción”, que pasa en primer lugar por cuestionar absolutamente todo, hasta lo más profundo de las creencias religiosas y convicciones políticas, quitando velos para después reformular lo que se hacía desde presupuestos incorrectos.

   Continuó deteniéndose en cuatro términos que es preciso revisar desde esta visión de la teología:

  • La masculinidad de lo divino. En la vida cotidiana, todas las cualidades que se le adjudicaban a las mujeres como maternidad, bondad, compromiso, cuidados, etc., no aparecen ligadas a Dios.

Solo hay dos artículos del catecismo de la iglesia católica que hablan de las mujeres, uno para excomulgar a las que abortan y en el otro se dice que el hombre (vir) es el único con capacidad para ser ordenado. Comentó que los redactores añadieron el término latino vir (varón) para excluir explícitamente a las mujeres de esta posibilidad.

Si Dios es vir, su imagen es de varón y por lo tanto es difícil que los hombres cuestionen su idea del Deus y que las mujeres se visualicen también como imagen de Dios. Hay propuestas de algunas teólogas feministas, que plantean escribir la palabra Dios sin vocales (D**s), para que no pueda ser leído ni en masculino ni en femenino.

  • La hermenéutica, a la que definió como la técnica o teoría para la interpretación de los textos, no solo religiosos aparece como una posibilidad fundamental. Si los laicos no podemos interpretar los textos –afirmó–, se puede caer en el fundamentalismo. En este sentido, propuso como método hermenéutico la “sospecha”, es decir, tratar de ir más allá de la literalidad del texto para tratar de intuir qué se está ocultando, callando. Por ejemplo, cuando un texto dice “que la mujer se calle en la iglesia” podemos sospechar que es una reacción a que tomaba la palabra y no para decir cosas que los dirigentes pudiesen aceptar de buen grado.  
  • El acceso de la mujer a Dios y los textos sagrados. Se ha pasado desde la consideración que las mitologías hacían de la mujer, en las que eran consideradas como diosas, (la sangre del hombre era señal de muerte y la de la mujer era de vida) hasta el presente, en el que se impide a las mujeres musulmanas asistir a la mezquita cuando tienen la menstruación. ¿Cómo es posible que se haya producido esa inversión tan espectacular?
  • La iglesia de las mujeres. Es un espacio dónde no hay patriarcado, donde hombres, mujeres, naturaleza y seres vivos forman una comunidad igualitaria y respetuosa. Una de sus publicaciones propone un lugar simbólico, llamado “feminotopía”, donde las mujeres y los hombres pueden compartir en situación de igualdad, a través de una curiosa versión del juego de la Oca, al que denomina el jardín de la Oca.

   El objetivo que la señora Pintos había anunciado al inicio de su ponencia se alcanzó con creces, a juzgar por las muchas cuestiones que suscitó entre los asistentes, generándose así un dilatado espacio de intercambio sobre el trabajo por la igualdad de género en todos los ámbitos, la preocupación por identificar el origen de las desigualdades, el empoderamiento de la mujer o la atención a la persona en su totalidad.

Texto y fotos: C.C.P.