JESÚS VIVE

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El seminario de Cristología “Jesús en los evangelios” puso el punto y aparte por este curso el pasado viernes, 12 de mayo. En esta ocasión el ponente, D. Pedro Heredia, habló sobre "La cruz no fue lo último, Jesús vive".

Comenzó su exposición resaltando lo dramática que tuvo que ser la muerte de Jesús en la cruz para sus discípulos. Este hecho no podía ser comprendido por la incipiente comunidad cristiana. Los hechos parecían atestiguar que Dios descalificaba con ellos a Jesús y su mensaje. Como resultado, todos sus discípulos lo abandonaron y huyeron como si todo hubiese acabado; pero no fue así: la cruz no fue lo último.

Continuó el ponente explicando que Jesús vive, que ha resucitado; entendiendo que resucitar no es revivir o volver a la misma vida que se tenía antes de morir, sino vivir una vida nueva, sin las limitaciones de la vida presente: entrar en la nueva creación.

Seguidamente planteó la cuestión de la historicidad de la resurrección de Cristo. A su juicio, la resurrección ni fue ni pudo ser un hecho histórico. Las únicas evidencias históricas las constituyen los testimonios de los apóstoles, que afirmaron haber visto a Jesús vivo tras su muerte.

17 5 12 2Habló después sobre otra de las cuestiones que planean sobre la resurrección, conocida como “el sepulcro vacío”, comentando que desde siempre se ha considerado que la resurrección exigía como prueba la existencia de una tumba vacía y se ha tratado de evidenciar esta de mil maneras.

Sin embargo, análisis más rigurosos cuestionan esas evidencias: los cuatro evangelistas dicen que José de Arimatea pidió a Pilato autorización para enterrar a Jesús, que éste se la concedió y que Jesús fue enterrado en un sepulcro nuevo. Asimismo, refieren que las mujeres encontraron vacía la tumba; sin embargo, en las diferentes narraciones se aprecian discrepancias, como por ejemplo, en el número de mujeres y el motivo que las lleva a visitar el enterramiento. Tampoco se dice en qué lugar concreto está el sepulcro dónde fue enterrado Jesús ni cómo se realizó este enterramiento. Para hacer el misterio más insondable aún, se sabe que el rito común para todos los crucificados por los romanos era dejarlos sobre el patíbulo para que los animales los devorasen, tras lo cual los restos se enterraban en fosas comunes.

17 5 12 1No debió resultar fácil a los discípulos creer que Jesús había resucitado, a pesar de que él mismo lo había anunciado; el simple hecho de que las mujeres fueran al sepulcro a embalsamar el cadáver acredita su escasa fe en la resurrección y cuando ellas corren a decir a los apóstoles que Cristo ha resucitado, estos consideran esas palabras como “desatinos propios de mujeres”, y no las creen.

Su certeza de la resurrección debió ser un proceso lento, iniciado con la experiencia de las apariciones, en el que experimentan gradualmente una gran transformación, mediante la que comienzan a ver a Jesús de otra manera: de abandonado y maldito de Dios a reconocerlo como el Cristo; del hijo del carpintero y de María a experimentarlo sentado a la diestra de Dios. Esta transformación les llevó a vivir de otra manera, pasando de ser personas temerosas y timoratas a hacer gala de una increíble valentía en la confesión de la fe; de gente triste y fracasada a gente llena de alegría, porque Jesús vive.

Finalizó D. Pedro Heredia afirmando que “la resurrección de Jesús es el hecho más importante de la historia de la salvación. La resurrección de Jesús está diciendo un solemne NO a todos cuantos siguen hoy crucificando, a todos cuantos hoy maltratan y hacen imposible la vida a los demás amargándoles su existencia. La resurrección de Jesús nos está gritando hoy un solemne SÍ a la vida y a todo cuanto la dignifica; solo así seremos hoy testigos de la resurrección. Los cristianos que creemos en Jesús resucitado, en el Dios de la vida, tenemos una misión que no podemos olvidar: “somos misioneros de la vida”, en referencia al poema de Mario Benedetti “Somos militantes de la vida” con el que concluyó su intervención.

Texto y fotos: C.C.P.