¡CÓMO ESTÁ NUESTRA FE?

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Como es habitual, la comunidad cristiana del Centro Cultural Poveda volvió a reunirse para compartir momentos especialmente significativos del calendario litúrgico. En esta ocasión, lo hizo el domingo, 23 de abril, para celebrar la Pascua de Resurrección.

Comenzó con la Eucaristía, presidida por D. Manuel Valenzuela, párroco de Sta. Bárbara, (Manolo, para muchos de los asistentes, viejos amigos del celebrante, ya que su vinculación a esta casa –así lo puso de relieve en varios momentos– es muy anterior a su ministerio sacerdotal). Una tarde primaveral permitió celebrarla en el patio, con lo que “hasta los pájaros han querido unirse con su canto a la fiesta de la Pascua”, como señaló alguien.

17 4 23Tras un cariñoso saludo de bienvenida del celebrante, se sucedieron las lecturas, que señalaron la forma de vida de las primeras comunidades cristianas (Hch 2, 42-47); que la resurrección de Jesucristo nos ha hecho nacer de nuevo para una esperanza viva (1P 1, 3-9) y la necesidad de una fe que no necesita ver para creer (Jn 20, 19-31), extraída del encuentro de Tomás con Jesús resucitado.

En la homilía, al hilo de lo escuchado en el Evangelio, tras unas ideas de partida en las que incidió en que la fe en Jesús resucitado debería abarcar tres dimensiones (lo personal, lo comunitario y lo eclesial), el celebrante invitó a tomar la palabra a los asistentes para expresar cómo está nuestra fe, tras este acontecimiento de la resurrección, qué o quiénes nos la alientan, qué nos la oscurece. Y, en efecto, un buen número de personas se animó a compartir con toda sencillez y profundidad sus reflexiones en este sentido.

17 4 23 2En el momento de las preces, el celebrante quiso recordar a las personas de la Institución Teresiana que habían contribuido a fortalecer su fe y acompañado su camino vocacional.

La procesión de ofrendas estuvo precedida por el cirio pascual, a cuya entrada se escuchó este texto de Josefa Segovia: “Quisiera que no nos conformáramos con llevar en nuestras manos la luz, sino que trabajáramos por ser esa misma luz”.

17 4 23 3Finalizó la celebración con una oración de acción de gracias, en la que el sacerdote pidió: “Señor, haz que mi fe sea firme, de manera que dé sentido a mis pensamientos, a mis sentimientos y a mis obras; consciente y personalpara que sea consecuente con ella, y activa”.

Y como también es tradicional, la fiesta continuó, compartiendo una chocolatada con una gran variedad de dulces y una charla amigable hasta la caída de la tarde. De fondo, aún, los ecos de la primera lectura: “Los creyentes vivían todos unidos y lo tenían todo en común”.

 Texto y fotos: C.C.P.