Recordando a... Carmen Prados

Un encuentro decisivo.

Carmen-PradosParecería que Carmen  Prados toda su vida hubiera estado esperando el encuentro con Pedro Poveda. Cuando el Padre la conoció, en 1.912, llevando una escuela de niños en la calle Ventanas, cerca de donde se ubicó la Primera Academia, su fisonomía fuerte y al mismo tiempo dulce, valiente y decidida, supo que sería la “casi perpetua directora” de la casa de Linares.

Según quienes la conocieron era singular, con un carácter tan destacado que era fácil reconocerla aunque se la hubiera tratado poco. Era entrañable, leal, verdadera, ocurrente y activa, también ingenua y servicial. Vino a la Institución en “los albores de la misma”, fue llamada por el padre para dirigir la Primera Academia en Linares y cuando en 1.917 se recibía la aprobación diocesana en Jaén, Carmen fue una de las que componían el “grupo organizador y propulsor”, como lo llamaría Pedro Poveda. Tenía 48 años.

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Su vida teresiana se desarrolló siempre en la casa de Linares hasta que en 1936, en la guerra civil, fue acusada de “católica y teresiana” y encarcelada en Valencia, durante 3 años. En este tiempo “se granjeó amigos allí y todos hacían lenguas de la viejina, como ya cariñosamente empezaban a llamarla”, según escribía Josefa Segovia de ella.  Después de la guerra, volvió a la casa de Linares y por último a Jaén dónde murió en 1946, a la edad de 77 años. 

Nunca perdió su alegría y buen humor con los que hacía todas las actividades, ya no docentes, y sí de servicio a los demás. De vez en cuando componía aleluyas en fechas señaladas, muy celebradas por todas. Sufriente de una dolorosa enfermedad, nunca se quejaba, nunca dejaba de ofrecer a Dios sus padecimientos. Con mucha frecuencia pedía perdón y su gran obsesión era morir en sábado. Su presencia en la Institución siempre nos lleva a los orígenes, contribuyó, porque lo tenía, a definir ese cierto “aroma” que hace realidad el sueño de Pedro Poveda.