La personalidad de Jesús

16 4 3 2Saber cómo era Jesús es una de las necesidades que llevamos dentro y que responden a la fascinación que produce en todos y para todos, la personalidad de Jesús de Nazaret. Este es el misterio al que nos ha conducido Don Pedro Heredia  en  la cuarta sesión del Seminario: Jesús en los Evangelios. Algo ardía en el interior de la espera de los asistentes imaginando cómo Don Pedro, con su proverbial preparación y sentimiento cristiano, abordaría las características humanas de Jesús, el conjunto de actitudes, el estilo único de su comportamiento que le hacían tan diferente, al que podemos seguir e intentar imitar, pero nunca poder parecernos a Él. Porque es una personalidad única.

Don Pedro ha transmitido la certeza de que Jesús “algo tenía” que le hacía diferente. La fascinación que produjo en sus discípulos, en la gente que convivía con Él, en la Samaritana, en todos nosotros afortunadamente todavía hoy, la encontrábamos en muchos pasajes evangélicos que es a través de los cuales conocemos a Jesús dando testimonio de fe.

16 4 3 1Varios aspectos ha destacado Don Pedro Heredia. Jesús era un hombre “eminentemente creyente y envidiablemente humano”. Dios estaba en el centro de su vida y le trataba con confianza, con familiaridad, entendiéndolo perfectamente, tratándole como nadie hizo como “Abba”, papá, papaíto, abandonado en sus brazos pero respetando siempre su voluntad. Jesús es el que nos lleva a Dios, es la “humanidad de Dios”, el camino para ir al Padre porque creemos en Él y Él tiene un Abba maravilloso. Su Abba, y el nuestro, no es castigador, ni sádico, ni juzga, más bien nos comprende, nos acompaña y nos invita a conocer al verdadero Dios a través de Jesús.

En segundo lugar, Don Pedro destaca la oración en Jesús. Jesús era un orante, necesitaba orar por todo y por todos como una necesidad de comunicación con el Padre. Oraba continuamente. Así consiguió que Dios fuera el centro de su vida. Tenemos muchos ejemplos aunque el más maravilloso es la oración del Padrenuestro.  Nos enseña a orar con una oración eminentemente humana, con nuestras características humanas y conscientes, como él, de que Dios, su Abba, le escuchaba y nos escucha siempre.

La conclusión según Don Pedro es la ilusión de que Dios se haga nuestro y podamos decirle como Él: Abba. Una gran comunicación que nos ha hecho salir confortados en que el camino de Jesús hasta Dios es cierto y pleno de amor. Una sensación de fe sanadora y fuerte en que Él es “el camino, la verdad y la vida” y que la forma de ir al Padre es a través de Él.  Así sea. 

 Texto y fotos: Centro Cultural Poveda - Linares