Terminó el Seminario, por este curso...

SeminarioEl pasado 22 de mayo terminó el Seminario de Cristología, cinco sesiones en las que de la mano de D. Pedro Heredia y D. Pope Godoy nos hemos introducido en el conocimiento, o, mejor dicho, en la vivencia del Jesús de los Evangelios, un Jesús que trascendió lo humano y vivió como Hijo de Dios.

seminario 3Hemos analizado los rasgos de su personalidad, las actuaciones que realizó, en ambiente en el que vivió. Jesús de Nazaret personifica todo lo bueno que anida en el ser humano y que permanece, nos enseña cómo teniendo la finalidad de servir a Dios se consigue la paz espiritual, nos conduce, a través de sus actos y sus palabras, al entendimiento profundo y nos lleva al objetivo primero: nuestra comunión con Él.

Mi conclusión, una primera conclusión circunscrita a los temas del seminario, es que Jesús tenía muy claro  lo que quería dejarnos: Que al igual que Él, todos somos hijos de Dios, que Dios es nuestro Padre, que nos ama, que nos protege, que nos enseña, que nos dirige a una Vida diferente a la que llevamos, ya con Él.

Lo tenía tan claro que sus palabras emergen con su sentido a pesar de todo el ruido y trasfondo de alrededor. Jesús chocaba con el tumulto, la incomprensión, las amenazas, las hipocresías, los intentos por llevarle a la vorágine humana que no tenía nada que ver con la vida que sentía dentro.

Seminario 2El seminario ha sido un intento de hacernos comprender la sociedad en que vivió Jesús para procurar entenderle, pero que una vez analizada no tiene diferencias con la actual, porque aunque se hayan renovado los ropajes el alma y el ansia de Dios siguen siendo las mismas y sus enseñanzas y ejemplo las necesitamos igualmente.

Hemos reconocido sus palabras y sus gestos, no importa qué evangelista se centrara en unos aspectos más que en otros, Jesús es el mismo y lo mismo nos dice hoy que hace 2000 años: que escuchemos sus palabras y sus silencios, que le demos significado a su ejemplo y su misericordia, que mantengamos la templanza y la obediencia a la voluntad de Dios. Quien hubiera querido hacer de estos días una constatación de sólo la vida humana de Jesús, de comprobar su existencia en sus años, puede haberse quedado vacío. Lo que nos ha transmitido este seminario es que vive y lo podemos encontrar en nosotros y entre nosotros.

Yo me quedo con el amor y su realidad entre nosotros, su atención a todos los desfavorecidos y olvidados, entre ellos las mujeres, las más fieles en su seguimiento y a las que regaló su primicia cuando María Magdalena dijo: ¡Maestro!

Todos pasaron. Todos pasamos. Él ha resucitado. ¡Vive!

 

Mercedes Rueda